Ajedrezcs’s Weblog

Febrero 16, 2008

REBELDE EN JAQUE PERPETUO

Archivado en: General — ajedrezcs @ 1:05 am

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Hasta su edad al morir, 64 años, uno por cada casilla del tablero, está ligada al ajedrez. Y la ciudad en la que Bobby Fischer murió anoche por una enfermedad renal, Reikiavik (Islandia), es la misma en la que destruyó la hegemonía soviética al destronar a Borís Spasski en 1972, en plena guerra fría entre EEUU y la URSS; la misma que le lanzó a la idolatría de millones de aficionados, y que le convirtió en el ajedrecista más carismático de todos los tiempos. 

Fischer fue un rebelde con mayúsculas, hasta el punto de que era asilado político en Islandia por una orden de busca y captura de la Casa Blanca tras violar el embargo contra Yugoslavia al disputar allí la revancha contra Spasski en 1992. El 1 de septiembre de ese año, en su primera rueda de prensa tras 20 años de reclusión, con periodistas hasta debajo de las mesas porque no cabían en otro sitio, con corresponsales de guerra que habían dejado de cubrir la de la vecina Bosnia para ilustrar el retorno de Fischer en Sveti Stefan (Montenegro), el niño terrible del ajedrez escupió ante las cámaras sobre un documento del Gobierno de EEUU que le conminaba a no jugar con Spasski en Yugoslavia, con una bolsa de cinco millones de dólares. Pero quien le persuadió para disputar ese duelo no fue el dinero, sino una húngara de 19 años, Zita Rajcsanyi, de la que Fischer estuvo enamorado durante un par de años. 

Esa misma cantidad es la que le ofreció el dictador filipino Ferdinand Marcos por defender su título en 1975 contra la emergente estrella soviética Anatoli Kárpov. Pero, en su rebeldía extrema y su fidelidad a principios inamovibles, Fischer exigió que la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) aceptase sus condiciones propuso que se jugase al mejor de diez victorias, sin límite de partidas, los empates no contaban-, que hacían impredecible la duración del Mundial. La FIDE se negó, Fischer renunció a convertirse en millonario y desapareció de la vida pública durante veinte años. 

Ciertamente, la coherencia de Fischer con sus ideas fue máxima. En 1965, logró que Fidel Castro se comprometiera en público a no utilizar políticamente su participación en el torneo de La Habana a través del teletipo, ya que la Casa Blanca le impedía viajar a Cuba. Y en 1972, cuando Fischer estimó que la bolsa inicial de su duelo por el título contra Spasski en Reikiavik era “una miseria”, ocurrieron dos cosas extraordinarias: primero tuvo que intervenir nada menos que Henry Kissinger, Secretario de Estado, para rogarle que jugase; pero lo esencial fue que el mecenas británico Jim Slater agrandó la bolsa en 125.000 dólares.

Sin embargo, esa coherencia también escondió un miedo patológico a perder, a ser destronado por Kárpov, con quien negoció en secreto en 1976, en Córdoba y Madrid. Cuando ambos estaban de acuerdo en disputar un duelo, Fischer exigió que se llamase “Campeonato del Mundo Profesional”, a sabiendas de que el Kremlin jamás lo aceptaría, y se rompió el diálogo.

 Fischer era un rebelde en jaque perpetuo, perseguido realmente por la Casa Blanca, pero también por muchos más en su paranoia, que le llevó a desarrollar una doble o triple personalidad, antitética e insoportable para quienes le conocimos en la intimidad, y quizá también para él mismo. Dotado de un cociente intelectual superior al de Einstein, era maravilloso verle analizar una partida de ajedrez, entrañable cuando narraba con emoción infantil su viaje para visitar los dragones de la isla de Komodo (Indonesia) y muy interesante escuchar sus opiniones sobre política internacional, a pesar de su anticomunismo visceral. Pero también era espantoso ser testigo de su racismo contra los judíos, a pesar de que su madre era judía, alimentado por las amistades filonazis que hizo en Alemania durante sus veinte años de misterio.

 Muy probablemente, la parte más oscura de la personalidad de Fischer tiene mucho que ver con su poco recomendable infancia. Su madre, Regina, políglota, hiperactiva, paranoica y sospechosa de espiar para la URSS -según los archivos del FBI- se había separado del biofísico alemán Gerhardt Fischer, luchador en el bando republicano de la Guerra Civil española. Mucho más tarde se supo que el verdadero padre de Bobby fue el científico húngaro Paul Nemenyi, también judío, y también sospechoso de espiar para la URSS. Nadie impidió que Fischer abandonase la escuela en su adolescencia y centrase su vida exclusivamente en el ajedrez, lo que impidió que adquiriese una cultura general hasta que ya fue adulto y probablemente favoreció su desequilibrio mental.

 El lado negro de Fischer sólo tiene una utilidad póstuma: es un argumento para convencer a los jóvenes talentos del ajedrez de que no abandonen su formación paralela como seres humanos. Pero el lado bueno del jugador más carismático en más de quince siglos de historia del deporte mental incluye un legado tan magnífico como inmortal: sus mejores partidas, que producen en el aficionado una sensación similar a la de la Novena de Beethoven en un melómano. Esas obras de arte no morirán nunca.

Fuente: Diario El Pais – Por Leontxo Garcia


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Febrero 15, 2008

RECUERDO DE BOBBY FISCHER

Archivado en: General — ajedrezcs @ 9:32 pm

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Uno de los más grandes genios del ajedrez, Bobby Fischer, ha muerto a los 64 años de edad. Un portavoz del fallecido dijo que el otrora campeón del mundo de ajedrez se había despedido de este mundo en un hospital de Reykjavik el pasado jueves. El campeón mundial de ajedrez estadounidense de nacimiento, que se hizo famoso en todo el planeta por derrotar al entonces soviético Boris Spassky en 1972, llevaba cierto tiempo enfermo de gravedad, con problemas en los riñones y pocas esperanzas de supervivencia. Su vida pasó de la gloria al drama, oscilando desigualmente entre luces y sombras.

Bobby Fischer 1943–2008

Robert James Fischer, el misántropo undécimo Campeón del Mundo, ha muerto a los 64 años de edad en Reykjavik (Islandia) donde había estado viviendo durante los últimos tres años. Fischer se mudó a Islandia tras pasar nueve meses detenido en Japón, a quien EE. UU. había pedido la extradición por evasión de impuestos. Fue liberado cuando Islandia, en donde había derrotado al décimo Campeón del Mundo Boris Spassky, le otorgó la ciudadanía y le facilitó refugiarse en el estado nórdico. Fischer se estableció en Reykjavik en abril de 2005, desapareciendo una vez más del primer plano de la actualidad, a donde su detención y liberación en Japón lo habían llevado. Tenía solo dos o tres amigos de confianza a quienes visitaba ocasionalmente, unas pocas tiendas y la biblioteca, donde podía vérsele ocasionalmente, y algunos restaurantes donde comía. Fischer normalmente evitaba charlar con periodistas o empresarios que se acercaban a él en manada con proyectos y propuestas de negocios.

Tras unos pocos años relativamente pacíficos, Fischer, que había nacido el 9 de marzo de 1943, se puso enfermo hace unos meses y fue ingresado en un hospital. Su amigo Einar S. Einarsson informó a los medios que en Islandia las enfermedades se consideran un asunto íntimo y el estar enfermo no es un tema de reportajes en los medios. La prensa islandesa respetó esa ley básica y muchos servicios de noticias, incluyendo el nuestro, hicieron lo mismo. Sabíamos que estaba padeciendo un fallo renal y que había poca esperanza de que sobreviviese largo tiempo. Aún así, la noticia de su fallecimiento, que nos pilló durante nuestro viaje en automóvil entre Hamburgo y Wijk aan Zee, cayó como un mazazo.

Fuente: www.chessbase.com

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